El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

jueves, 12 de octubre de 2017

Prometeo

Era uno de los titanes, hijo de de Jápeto y de la ninfa del mar Clímene, o según otras versiones , Temis. Prometeo y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de crear la humanidad y de proveer a los seres humanos y a los animales de todo lo necesario para vivir.
Epimeteo empezó con los animales dotándoles de características tales como el valor, la fuerza o la rapidez y proveyéndoles de todos los elementos necesarios para poder vivir en el mundo (plumas, patas, etc.). Sin embargo, Epimeteo un ser superior a todos los demás, pero no le quedaban más virtudes para ello y no tenía nada que conceder, así que le pidió ayuda a su hermano Prometeo.

Para que los seres humanos fueran superiores a los animales, Prometeo decidió darles una forma más noble y permitirles caminar erguidos. Como don les dio el fuego, que había obtenido de una chispa del carro del sol. El fuego era, sin duda alguna, el don más valioso que Prometeo podía haber dado a la humanidad; sin embargo, este hecho provocó el enfurecimiento de Zeus, ya que para conseguir un bien para la humanidad había utilizado un elemento hasta entonces divino, el fuego. Por este motivo, ordenó a su hijo Hefesto que creara a partir de arcilla a la primera mujer a la que llamó Pandora.

Pandora fue colmada de tributos y valores, y le fue entregada a Prometeo para que la hiciera su esposa, sin embargo, este recelaba de un regalo de sus enemigos e ignoró totalmente a Pandora, algo que sin embargo no hizo su hermano. Pandora portaba la caja que contenía todas las desgracias con las que Zeus quería castigar a la huanidad, la cual terminó abriendo, extendiendo las plagas, dolor y miserias por todo el mundo.

Prometeo quiso vengarse de Zeus y pagar su engaño con otro del mismo calibre, para eso sacrificó dos bueyes, en una pila dejó las partes comestibles del animal, incluidas las entrañas, y las recubrió con el vientre; mientras en otra dejó los huesos tapados con la piel del animal. A continuación dio a elegir a Zeus la parte que comerían los dioses, a lo que el dios respondió que la que tenía la piel. Desde entonces los hombres en los sacrificios  queman los huesos que ofrecen a los dioses y se comen la carne.
Cuando Zeus descubrió el engaño ordenó a Hermes que encerrase a Prometeo en una cueva del Caucaso, donde un águila le devoraría las entrañas durante treinta mil años, pero sin provocarle la muerte, porque estas se regeneraban cada cierto tiempo. Tamaño sufrimiento se terminó cuando Heracles lo liberó y mató al ave torturadora.

Prometeo regaló a los hombres la capacidad de trabajar y construir enseñándoles a domesticar a los animales y a recoger frutos alimenticios, de ahí que en Grecia se creía que los olímpicos estaban celosos de Prometeo, por haber puesto al alcanzase de los humanos la capacidad de mantenerse y prosperar.

Prometeo es considerado por los dioses el protector de la civilización humana.


jueves, 31 de agosto de 2017

Pigmalión

Pigmalión fue un importante rey de Chipre, que destacó siempre por su bondad y sabiduría a la hora de reinar. Cuando no ejercía las atribuciones propias de su cargo, su mayor entretenimiento lo constituía la escultura, actividad que le absorbía incluso el tiempo para buscar una esposa que garantizara los descendientes de la familia real. A pesar de la insistencia de amigos y familiares en la necesidad de encontrar una pareja, Pigmalión se dedicaba a su arte, trabajando en su taller hasta altas horas de la madrugada.

Un día decidió crear en marfil la figura de una hermosa mujer, la más hermosa que nunca hubiese sido esculpida, para lo que trabajó incansablemente hasta lograr su objetivo. En cuanto acabó vistió la figura con las mejores galas y le puso el nombre de Galatea, aunque siguió retocándola hasta que fue absolutamente perfecta. Tan perfecta que su autor había terminado enamorándose de su obra.

Días más tarde, en unas fiestas celebradas en honor de Afrodita, Pigmalión sorprendió a todos los que les rodeaban suplicando a la diosa que transformara a Galatea en un ser humano, para que pudiese amarla como se merecía. Nada más realizar su petición, Pigmalión corrió a su taller, y allí pudo ver cómo su escultura iba adquiriendo los primeros colores e iniciaba  un lento movimiento, bajando del pedestal en el que se encontraba grácilmente y con una hermosa sonrisa dirigida a su creador. Pigmalión le pidió entonces que si quería ser la reina de Chipre, a lo que ella contestó que le bastaba con ser su esposa, por lo que a los pocos días se celebró la boda a la que asistió la misma Afrodita en forma de mortal.

La unión fue sumamente feliz y tuvieron varios hijos, entre ellos Pafo. El pueblo de Chipre fue, desde entonces, uno de los que más cuidó sus ofrendas a la diosa del Amor, que siempre recibió allí un buen trato.
Esta versión de la leyenda la narró Ovidio en el libro X de La Metamorfosis.

Otra versión de la leyenda dice que Afrodita, compadecida del amor de un Pigmalión más joven, le ordenó besar a la estatua y, en ese momento, Galatea se convirtió en mujer, para mayor éxtasis de su creador.


miércoles, 12 de julio de 2017

Polifemo

Era un enorme gigante con un único ojo, hijo de Poseidón y de Toosa. De aspecto terrible y con un carácter acorde con dicho aspecto, ya que tenía la cara llena de arrugas, con una espesa barba entre las que se advertía una gran boca que llegaba casi hasta las orejas. Aunque su trabajo era el de pastor, su afición consistía en raptar o engañar a los hombres, a los que conducía hasta su cueva para allí alimentarse de ellos mientras aún estaban vivos.

Odiseo fue el único capaz de engañarle. Cuando éste, en su expedición, llegó a Sicilia, morada de los cíclopes y, por lo tanto, de Polifemo, fue encerrado por él durante varios días. El cíclope se alimentaba de sus compañeros, devorando dos cada noche. Odiseo, sin embargo, le hizo beber un vino que lo emborrachó, entonces, junto a sus hombres, le cegó clavándole una rama ardiente en su único ojo. Polifemo comenzó a gemir y chillar, y otros cíclopes acudieron en su ayuda, ante sus lamentos le preguntaron si alguien le había hecho algún daño, a lo que el herido contestó: "Nadie", por lo que sus compañeros se marcharon sin averiguar que "Nadie" había sido como Odiseo se había identificado ante Polifemo. Pensaron que Polifemo había sufrido un ataque de locura.
A la mañana siguiente los supervivientes escaparon, escondiéndose bajo el lomo de las ovejas de Polifemo. Cuando el gigante se dio cuenta de la huida de Odiseo y sus hombres, lo maldijo.

"Él clamando al señor Posidón, elevaba
sus dos manos al cielo cuajado de estrellas: "Escucha,
Posidón de cabellos azules que abrazas la tierra:
si soy tuyo en verdad y en llamarte mi padre te gozas,
haz, te ruego, que Ulises, aquel destructor de ciudades
que nació en Laertes y en Ítaca tiene sus casas,
no retorne a su hogar; y si está decretado que un día
vuelva a ver a los suyos, su buena mansión y su patria,
que sea tarde, en desdicha, con muerte de todos sus hombres,
sobre nave extranjera; y encuéntrese allí nuevos males".

La Odisea de Homero, Canto IX, 525-535.


Estaba enamorado de Galatea y no siendo correspondido su amor, Polifemo asesinó a Acis, que había sido el elegido para el lecho conyugal de Galatea.


martes, 4 de julio de 2017

Perseo

Hijo de Zeus y Dánae, quién le había concebido tras haber sido tomada por la fuerza por Zeus, a pesar de los esfuerzos de Acrisio, padre de Dánae, para impedirlo, pues un oráculo había predicho que su nieto le mataría. Así pues, cuando nació Perseo, Acrisio los expulsó de la región, pero, con la ayuda de Zeus, arribaron en una barca a unas costas en las que los recibió Dictis, un pescador, que los llevó hasta Polidectes, rey de la región. Allí creció Perseo, con grandes atenciones, convirtiéndose en un aguerido y atractivo varón. Por aquel entonces, Polidectes empezó a experimentar gran atracción por Dánae, pero sabía que su hijo, Perseo, le impediría tener relaciones con ella, entonces, Polidectes anunció su boda con Hipodamia y, como era tradicional, preguntó a los invitados que pensaban regalarle. Todos indicaron que le llevarían como presente un caballo, pero Perseo, con toda su arrogancia, prometió entregarle la cabeza de Medusa, una de las gorgonas.

La peligrosa empresa, pues la hobrible Medusa convertía en piedra a todo aquel que la mirara, supuso una enorme alegría para Polidectes, pues sabía que el proyecto supondría la marcha de Perseo durante largo tiempo y, en el mejor de los casos para el rey, la muerte del joven. Así Polidectes podría tomar a Dánae sin peligro.
Según otras versiones, Polidectes obligó a Perseo a realizar tal empresa bajo la amenaza de deshonrar a su madre.

Perseo, que admiraba por su valentía a los dioses, y puesto que, al fin y al cabo era hijo de Zeus, contó con múltiples ayudas para lograr su objetivo. Hades le entregó un casco que le volvería invisible, Hermes le prestó sus alas para poder volar velozmente, Atenea le dio un escudo plateado con el que poder ver a Medusa sin mirarla directamente y le aleccionó sobre los peligros de tal acción. Por último, Perseo consiguió de Hefesto una majestuosa y fornida espada llamada Harpe, fabricada en bronce y diamante. Otras versiones dicen que solo le ayudaron Atenea y Hermes, que le entregaron una hoz para cortar la cabeza. Según esta versión, Perseo habría conseguido las alas voladoras de unas ninfas, quienes también le entregaron un zurrón para guardar la cabeza de Medusa.

Para encontrar a las gorgonas, Perseo se dirigió primero en busca de sus hermanas, las Greas, que eran una versión horrible de los cíclopes en femenino, vírgenes, con un solo ojo y un solo diente, que ya nacían viejas. A todas ellas consiguió quitarles sus ojos y dientes, y les prometió que se los devolvería a cambio de que le indicasen el lugar donde se encontraban las gorgonas. Las Greas se opusieron radicalmente a decirle su paradero, pero la firmeza de las amenazas de Perseo le hicieron reconsiderar su opinión y, finalmente, le dijeron el lugar dónde se encontraba. Perseo, como había prometido, les devolvió sus ojos y sus dientes.

Rápidamente se dirigió hacia la morada de las gorgonas. Con gran cuidado de no mirar a ninguna de ellas, y siguiendo el reflejo de Medusa que se mostraba en el escudo que le había dado Atenea, usando la Harpe, de una sola estocada mortal asesinó a la gorgona. De la sangre que brotó de su cuerpo, nacieron Pegaso y el gigante Crisaor. Las otras dos gorgonas, que eran inmortales, trataron rápidamente de atrapar a Perseo, pero gracias al casco de Hermes consiguió escapar.

Lograda su hazaña, Perseo se dispuso para el regreso. En el viaje, pasó por la región de Mauritania, donde se encontraba el gigante Atlas, el joven héroe le pidió alojamiento, pero este le trató inhumanamente porque un antiguo oráculo le había dicho que un descendiente de Zeus le destronaría. Entonces, Perseo le mostró la cabeza de Medusa, convirtiéndolo en una enorme cordillera para la eternidad.

Después sobrevoló Etiopía, y ya desde el cielo pudo observar la presencia de una hermosa mujer, que estaba encadenada a las rocas. La joven, llamada Andrómeda, se encontraba allí para sacrificarse por su pueblo, pero Perseo prometió liberarla, a ella y a su nación, a cambio de su mano. Sus padres aceptaron y Perseo se enfrascó en una horrible lucha con el monstruo que asolaba la ciudad, venciéndole al cabo de poco tiempo de combate.
Llenos de felicidad, Perseo y Andrómeda celebraron su boda al cabo de un tiempo, pero, durante el banquete, se presentaron en el lugar Fineo, hermano de Cefeo, rey del lugar y padre de Andrómeda, reclamando el trono para sí, pues se había dispuesto tiempo atrás su boda con la joven. Venía acompañado de un nutrido grupo de hombres vestidos para la guerra y armados, pero Perseo no se amedrantó y, mostrándoles la cara de Medusa, los convirtió a todos en piedra.

Tiempo después, Perseo decidió volver a Sérifos, lugar del que había partido, no sin la congoja de Cefeo y su esposa, que no querían separarse de tan buena compañía y, mucho menos, de su hija Andrómeda. Cuando llegó a la ciudad, cuatro años más tarde de su partida, se encontró con que su madre, Dánae, y Dictis, el pescador que les había rescatado, estaban escondidos de Polidectes en el templo de Atenea, porque éste se había dedicado a ejercer su voluntad de forma déspota; al saber esto, Perseo mostró el rostro de Medusa al dictador con lo que provocó su muerte, dejando en el trono a Dictis como rey y a Dánae como reina.

Perseo devolvió entonces todos los dones divinos a sus respectivos dueños y entregó la cabeza de Medusa a Atenea, que la pondría en su escudo . Por fin, se dispuso a emprender viaje hacia Argos, lugar del que procedía su madre, y donde él había nacido. Cuando Acrisio, su abuelo, temiendo por su vida, tal y como lo había dicho el oráculo, supo que Perseo regresaba, se disfrazó de anciano extranjero y se marchó a Tesalia. Al llegar, Perseo fue recibido con gran alegría por el pueblo, quien le convirtió en sucesor al trono, pues Acrisio se había marchado y Preto, su hermano, no podía ser localizado.

Un día Perseo participó en unos juegos deportivos en la categoría de disco para demostrar su destreza, con tan mala suerte, que golpeó a un viejo, que resultó ser su abuelo. Horrorizado, Perseo rechazó el trono de Argos, como modo de expiar su pecado, y se lo cedió a Megapentes, hijo de Preto y tío suyo. Sin embargo, éste no podía hacerse cargo del trono, por lo que Perseo, no tuvo más remedio que aceptar ser nombrado rey.

Perseo gobernó Argos y junto a Andrómeda, que le dio robustos hijos, vivió felizmente. Estos hijos fueron Persés, Micenas, Alceo, Esteneleo, Helio, Néstor, Electrión y Gorgófene, la única mujer. Entre sus descendientes se encuentra el gran héroe Heracles.
Tras su muerte, se le rindieron honores divinos y se le situó en el cielo, formando la constelación con forma de campana junto a su amada Andrómeda.

Además de haber pasado a los anales de la historia por sus grandes hazañas, ha sido considerado el fundador de Tirinto.



jueves, 18 de mayo de 2017

Penélope

Era la esposa de Odiseo (Ulises), rey de Ítaca, con el que tuvo un hijo llamado Telémaco. Cuando su esposo partió a la guerra de Troya, sabía que permanecería muchos años sola, aún así confiaba en la fuerza de su amor para soportar tan larga ausencia.
Despúes de la Guerra de Troya, Odiseo  tardó diez largos años en regresar a su patria, tan dilatado período provocó que hasta la isla llegara la falsa noticia de su muerte, por lo que Penélope comenzó a verse asediada por multitud de pretendientes, ya que esa boda suponía conseguir el trono de una de las tierras más ricas y prósperas de Grecia.

Penélope no creía que Odiseo hubiera muerto por lo que se negaba a casarse con otro; así, ideó un sistema que prolongara la decisión sobre su futuro matrimonio. Empezó a tejer un sudario para Laertes, padre de Odiseo, que ya era muy viejo, mientras convencía a los aspirantes a su mano que no se decidiría por ninguno antes de haberlo terminado.
Ellos aceptaron este plazo y mientras, Penélope deshacía por la noche el trozo  que había tejido durante el día para ir ganando tiempo. Sin embargo, tal engaño, no era posible mantenerlo por tiempo indefinido y al cabo de tres años, una criada descubrió la trampa, delatándola ante sus pretendientes que decidieron obligarla a elegir. Justo en ese momento fue cuando Odiseo consiguió arribar a las costas de Ítaca, al llegar a palacio se disfrazó de mendigo y solicitó audiencia con la reina, que estaba atribulada, ya que debía elegir un nuevo marido.
Penélope, aconsejada por su hijo Telémaco, decidió que aquel de sus pretendientes que fuera capaz de doblar el famoso arco de Odiseo, se convertiría en su nuevo esposo; uno tras otro todos intentaron dominar el arma de Odiseo y ninguno lo consiguió, salvo un mendigo que observaba la escena desde un rincón. Cuando la hazaña se había cumplido, Odiseo se descubrió ante el temor de los hombres que habían asediado a su esposa, a los que masacró con la ayuda de su hijo.

Tras los veinte años de espera que concluye Penélope, es consideraba símbolo de fidelidad conyugal.


 

viernes, 28 de abril de 2017

Paris

Hijo de Príamo y Hécuba, reyes de Troya. Cuando Hécuba estaba embarazada, tuvo un sueño, después aclarado por un oráculo, en el que se afirmaba que el niño que llevaba en su seno destruiría su patria. Ante este hecho, Príamo ordenó a su oficial Arquelao que lo hiciera desaparecer, pero éste, ante los ruegos de Hécuba, lo confió a unos pastores encargados de su educación.

Paris creció robusto, hermoso e inteligente, hasta tal punto que la bella ninfa Oenona, se casó con él. Partició en los juegos fúnebres que se celebraban en Troya en su honor,  allí ganó y fue reconocido por Casandra como el difunto hijo del rey. Alcanzó mucha fama tras su participación en los juegos de Troya y fue reconocido incluso en el Olimpo, donde Hermes le propuso como árbitro del problema en el que por aquel entonces se encontraban: decidir sobre la belleza de las diosas.

Eris, la diosa de la discordia, la única no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, apareció al final de la celebración envuelta en una nube y lanzó en el banquete una manzana de oro que decía estar destinada a la más hermosa. Zeus se negó a asignar este título a una de las tres aspirantes: Hera, Atenea y Afrodita, por lo que éstas, finalmente pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diera su veredicto. Todas intentaron sobornarlo. Hera le ofreció ser un poderoso gobernante, Atenea una gran fama militar y Afrodita le prometió la mujer más hermosa de la tierra. Ganó Afrodita y ésta tuvo que ayudarle a lograr a Helena, hija adoptiva de Tíndaro y esposa de Menelao, que vivía en Esparta.

Paris llegó a Esparta con un gran bagel y fue atendido con todos los honores por el rey, pero no abandonó sus propósitos y se dedicó a agradar a Helena con las palabras más afectuosos y las atenciones más exquisitas. Al poco tiempo, Menelao tuvo que irse a Creta a resolver un asunto urgente y Paris aprovechó para abrir su corazón a Helena, quien abjuró de su patria y se fue con él. Entonces, Menelao, ofendido en lo más profundo de su ser, llamó a todos sus colaboradores y a sus ejércitos e inició la llamada guerra de Troya. Durante esta guerra, Paris luchó  contra los griegos, tuvo que ser rescatado varias veces por Afrodita y finalmente fue herido por Filoctetes. Entonces, Paris volvió junto a Oenona, quien intentó curarlo compasiva y aún enamorada, pero no lo consiguió. Paris murió a los pocos días y junto a él fue enterrada Oenona, que falleció de tristeza. Helena, ahora ya, de Troya, sufrió múltiples calamidades, siendo castigada por sus acciones.

A pesar de haber pasado a la historia como un hombre afeminado y envanecido de sí mismo, también es cierto que durante el asedio troyano se distinguió en el combate, hiriendo a Diomedes, Macaón, Antíloco y Palamedes; y, sobre  todo, siendo el autor del disparo de flecha que acabó con la vida de Aquiles.

Iconográficamente Paris es representado como un hombre joven y guapo, un poco afeminado y con  un gorro frigio haciendo alusión a su origen. El tema del juicio de Paris, ha sido muy recurrente a lo largo de la Historia del Arte desde el Renacimiento.






sábado, 4 de marzo de 2017

Pandora

Zeus, gran señor del Olimpo, estaba enojado con el titán Prometeo por la osadía de éste al robar el fuego y dárselo a los hombres.  Por lo que ordenó a Hefesto que creara una mujer  de arcilla y se la diera a Prometeo por esposa. Éste amasó la arcilla y modeló el cuerpo de una virgen semejante a las diosas. Una vez terminada su figura, le prestó una chispa de su fuego como alma y la llamó Pandora, se abrieron sus ojos, el movimiento animó sus miembros y su boca comenzó a articular palabras. Cada dios le concedió una perfección. Afrodita la hermosura; Atenea la sabiduría; Hermes la elocuencia; Apolo el talento para la música; y Zeus añadió una caja extremadamente hermosa y cerrada que Pandora debía ofrecer a su esposo como regalo de boda.

De esta manera tan extraordinaria esta mujer fue llevada ante Prometeo  que había sido elegido para ser su esposo. Pero el titán, astuto por naturaleza, receló de los presentes de Zeus, ya que la enemistad entre ambos era manifiesta y nada soterrada, por lo que no quiso recibir ni a Pandora y mucho menos la caja. Para evitar un enfrentamiento mayor con los dioses del Olimpo, que se desataría si rechazaba abiertamente el presente tan divino, decidió entregársela a su hermano Epimeteo, no sin antes advertirle de sus recelos y rogarle precaución.
Pandora ofreció a su esposo el regalo de bodas que Zeus le había otorgado, Epimeteo, quizás obnubilado por la hermosura de su esposa, olvidó la advertencia de su hermano Prometeo y abrió la caja misteriosa. En ella se hallaban encerrados todos los males que pueden afligir a la raza humana (enfermedades, guerras, hambres...) que se extendieron por toda la tierra. Cuando cerró la caja quedó en el fondo la Esperanza cuya huida pudo evitar. Por eso se ha dicho siempre que puede perderse todo, pero que la esperanza siempre prevalece en el espíritu de los hombres.





A causa del mito, se llama "caja de Pandora" a todo aquello que, a pesar de su aparente belleza, puede causar toda clase de males.

jueves, 23 de febrero de 2017

Orión

Era un hermoso gigante de tamaño colosal, cuyos padres fueron el dios Poseidón y Euríale, una de las gorgonas. Orión destacó entre todos los héroes existentes por su tamaño y su fuerza. Era tan grande que cuando se adentraba en los mares más profundos el agua no le llegaba más que hasta los hombros.

Orión se enamoró de Mérope, hija de Enopión, rey de Quíos, e intentó casarse con ella, pero su padre denegaba tal permiso constantemente por lo que un día el bello gigante intentó tomarla por la fuerza. Como castigo, Enopión consiguió, con ayuda de Dionisio, adormecerlo y cegarlo. Orión acudió a un oráculo para curar su ceguera y éste le dijo que lo lograría si viajando hacia el Este permitía que los rayos del sol le dieran directamente en los ojos.

Recobrada la vista se trasladó a Creta. Allí, ya que era un magnífico cazador y de hecho perseguía a las bestias en el Hades y en los cielos, acompañado de su perro Sirio, comenzó a trabajar en el séquito de Artemisa, diosa de la caza. A partir de este punto, existen múltiples y muy diferentes versiones sobre el final de la vida de Orión. Según una de ellas, Orión se convirtió en favorito de Artemisa y le dio múltiples atenciones. Henchido de orgullo y protegido por la diosa, se atrevió a afirmar que ninguna de las grandes bestias y monstruos existentes en el mundo le daba miedo y que podía destruir a todas ellas. Gea, la diosa de la tierra, se sintió herida ante tales afirmaciones y le envió un simple escorpión que le provocó la muerte.

Otra leyenda afirma que Apolo, hermano gemelo de Artemisa, estaba indignado de que su hermana amase a tal gigante y la desafió a que acertase con un arco y una flecha una pequeña figura, que sobresalía en un lugar muy alejado del que se encontraban, la isla de Ortigia, en mitad del mar. Artemisa acertó en el blanco como gran cazadora que era pero ese blanco era Orión, quien murió al instante. Artemisa desconsolada por la pérdida, pidió a Zeus que fuera trasladado al cielo y convertido en constelación.

La constelación que lleva su nombre se encuentra en el ecuador celeste, cerca de Tauro, y es alargada con tres estrellas en línea cerca del centro, que representan su cinturón y otras tres más apagadas que constituyen su espada. Alpha Orionis, conocida como Betelgeuse, y Beta Orionis, llamada Rigel, son las dos estrellas más importantes de la constelación.


Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar,
el infatigable sol y la luna llena,
así como todos los astros que coronan el firmamento:
las Pléyades, las Híades y el poderío de Orión,
y la Osa, que también denominan con el nombre de Carro,
que gira allí mismo y acecha a Orión,
y que es la única queno participa de los baños en el Océano.

La Ilíada de Homero, Canto XVIII, 485-490






Orión es considerado un símbolo popular para la ciudad de Messina. Se le considera  el constructor del promontorio de Peloris (Punta del Faro), creando así el actual Estrecho de Messina.

martes, 17 de enero de 2017

Orfeo

Existen diferentes versiones sobre la procedencia de este magnífico héroe civilizador, a la vez teólogo, reformador de la moral y las costumbres, poeta, y célebre músico. Según unas versiones sus padres fueron la musa Calíope y el dios Apolo, de ahí sus especiales encantos artísticos. Otras leyendas afirman que sus padres fueron Eagro, rey de Tracia, y la propia Calíope o, según diferentes mitos, Apolo y otra musa, esta vez Clío.
Parece ser que de Apolo, o de Hermes, recibió una lira, a la que ó añadió dos cuerdas hasta un total de nueve (en honor a la musas), con las que tocaba ingeniosas y excepcionales melodías. Toda la naturaleza y, por supuesto, todos los hombres y dioses, quedaban embelesados al oírlo cantar con sus instrumentos. Incluso las rocas se le acercaban para escucharle y los ríos retrocedían su curso con el mismo fin. Amansaba las fieras que se reunían a su alrededor. Además, su gran capacidad musical le resultó muy útil en diversas ocasiones: acompañó a los Argonautas en su viaje y con ellos consiguió hazañas tales como mover su barco desde la playa hasta el mar, separar dos islas errantes que impedían el paso de los navíos, dormir al dragón que guardaba el vellocino de oro o liberar a los expedicionarios de los encantos mortales de las sirenas.

Sin embargo, el canto no era la ocupación favorita de Orfeo, pues éste era un personaje muy erudito y con importantes inquietudes filosóficas, y por eso se dedicó a investigar el mundo que le rodeaba. Viajó a Egipto, y allí se unió a los grandes sacerdotes del lugar, que le enseñaron los misterios de Isis y Osiris. En sus investigaciones religiosas también viajó a Fenicia, Asia menor y Samotracia, y a su vuelta a Grecia enseñó a los suyos todo lo que había aprendido instituyendo una importante disciplina religiosa conocida como "orfismo", que implicaba un sistema filosófico concerniente a cuestiones como el pecado y la purificación, así como con la vida después de la muerte. También instituyó algunos de los cultos a Dionisio y a Deméter.

Tantos eran pues sus encantos y sabiduría, que muchas mujeres y ninfas le pretendían en matrimonio, si bien, solamente Eurídice, modesta pero encantadora, llamó la atención de Orfeo, quien se casó con ella y fue correspondido a lo largo de su vida.
Su unión fue extremadamente feliz, pero poco duradera. Un día Eurídice estaba huyendo de Aristeo, quien la perseguía para tomarla por la fuerza, y como Eurídice era mucho más veloz que él y más ágil e inteligente consiguió alejarse de su raptor, pero en su carrera, o tras ocultarse en unos matorrales, fue mordida en el talón por una serpiente cuyo veneno le provocó la muerte súbita. Orfeo quedó enormemente desconsolado y propuso devolverle la vida costase lo que costase. Imploró a los dioses de los cielos su devolución al mundo de los vivos, pero no tuvo ningún éxito, y se dispuso a descender a los infiernos, donde pretendía obtener la ayuda de Hades y de su esposa. Se dirigió a dicho lugar entonando canciones sobre su profunda tristeza, éstas eran tan bellas que ablandaron el ánimo de Hades, quien le prometió devolverle a Eurídice a cambio de que mientras subiera al mundo terrenal, debíe ir delante de su amada y no mirar hacia atrás hasta llegar del todo a la superficie. Orfeo comenzó el ascenso al mundo del que provenía, la subida era lenta, pues Eurídice aún estaba herida. Cuando estaban apunto de llegar a la salida, Orfeo giró la cabeza ansioso, la vio por un momento e intentó abrazarla, pero en ese instante su amada se desvaneció para siempre en el mundo de los muertos y Orfeo sólo pudo alcanzar vapor.
La desgracia le cegó e intentó de nuevo penetrar en el Hades pero no lo consiguió. Orfeo se quedó en las puertas del infierno siete días más pero al ver que no obtendría lo que quería, se fue.

A partir de entonces estuvo vagando por el desierto tocando su lira, encantando a piedras y animales, sin comer nada, y rechazando en todo momento la compañía humana. Terminó en una región de Tracia, donde muchas de las mujeres allí existentes intentaron desposarse con él, aunque sin éxito alguno. Estas mujeres, en venganza por los rechazos que sufrían, durante unas fiestas en honor de Dionisio, acallaron con sus griteríos la voz de Orfeo para que no perturbara sus deseos asesinos, rodearon al héroe y lo mataron, despedazándolo en muchos trozos. Según otra versión, estas mujeres actuaron así movidas por los dioses del Olimpo, que no podían permitir que un hombre vivo conociera los secretos del submundo. Sea como fuere, su cabeza fue arrojada al río Hebro, y cuando llegó a las costas de Lesbos, las musas la recogieron y la sepultaron. Durante todo este trayecto, Orfeo siguió llamando a Eurídice. Tras su muerte, la lira de Orfeo se transformó en la constelación Lira, que contiene a la estrella Vega, la más brillante de todas las que se pueden contemplar, desde el Hemisferio Norte.

El alma de Orfeo encontró en el inframundo el alma de Eurídice, y desde entonces son inseparables.