El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

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jueves, 1 de diciembre de 2016

Hades

El inframundo o Hades era el reino de los muertos y se encontraba en las profundidades de la tierra. A él se accedía  a través de la laguna Estigia, en una barca guiada por el barquero Caronte. Una vez habían cruzado la masa de agua y las zonas pantanosas que la concluían, llegaban a la puerta del Hades, donde eran  recibidos por Cerbero, el perro con tres cabezas que vigilaba dicha puerta, encargado de no dejar entrar ni salir a nadie. Todo el que pasaba la puerta del Hades no volvía al mundo de los vivos, excepto algún héroe que se coló con alguna triquiñuela como fue el caso de Eneas.

El inframundo era el reino del dios Hades, donde moraba con su esposa Proserpina, que lo acompañaba en sus labores oscuras durante el invierno, y en primavera, volvía a la superficie terrestre con su madre Démeter.

La descripción más antigua conocida del inframundo la realiza Homero en sus obras la Ilíada y la Odisea (Canto XI), aunque la más detallada la ejecuta Virgilio en la Eneida (Libro VI).

Según la mitología griega la geografía del mundo subterráneo  distingue varias regiones dentro del reino de Hades:

1) Los Campos de Asfódelos, donde las almas de los héroes vagaban abatidas entre espíritus menores.
2) El Tártaro, era una gran prisión fortificada rodeada por un río de fuego llamado Flegetonte. Allí se encontraban las almas condenadas.
3) Las Islas Elíseas, eran gobernadas por Crono. Allí residían los grandes héroes míticos.
4) Los Campos Elíseos, eran gobernados por Radamantis. Era la morada de los muertos virtuosos y los iniciados en los misterios antiguos.




"El héroe se encontró con la Sibila de Cumas junto al  lago Averno, situado en el interior del cráter de un volcán, donde se pensaba que estaba uno de los accesos al mundo de ultratumba. Después de advertir a Eneas de los peligrosos riesgos de la empresa, la Sibila le informó que para llegar al Hades era necesario encontrar un ramito de oro, que Proserpina, la reina del Averno, pedía recibir como regalo, escondido en las frondas de un árbol del bosque cercano: si conseguía cogerlo tendría la confirmación de deber llevar a cabo el viaje." La Eneida libro VI.