El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

jueves, 21 de abril de 2016

Ulises

Fue uno de los héroes más populares en la antigua Grecia, en realidad su nombre griego era Odiseo, ya que Ulises es el nombre que le darían los latinos posteriormente.
Era la encarnación del héroe, viajero por excelencia, cuyas aventuras se recordaban por tradición oral, y que han llegado hasta nuestros días recogidas en uno de los libros más universales y populares de todos los tiempos, La Odisea, escrita por Homero.

Ulises era hijo de Laertes, rey de Itaca, una de las actuales islas jónicas. En la juventud de Ulises, cuando en Itaca todavía reinaba Laertres, recibieron la visita de Eurito, un arquero consumado que posee el arco más poderoso de la tierra, un regalo de Apolo, fundido al calor del sol y fraguado en las aguas de los mares. Eurito regaló este arco a Ulises como agradecimiento por la hospitalidad de su padre, pero también porque no había encontrado a otro joven que tuviera la fuerza suficiente para manejarlo.

Ulises se casó con Penélope, con la que tuvo un único hijo, Telémaco. Al principio, Ulises rehusó ir a la Guerra de Troya fingiendo locura, permaneció sembrando sal en sus campos, pero los griegos colocaron a su hijo Telémaco enfrente del arado y nuestro héroe se vio obligado a unirse a los griegos. En la guerra Ulises intervino más en acciones diplomáticas que en acciones guerreras. Destruida Troya tras diez años de guerra, embarcó para su amada Itaca con lo que comenzó su verdadera aventura, ya que el retorno a su patria le costaría diez largos años.
Al embarcar, Eolo, dios del viento, le había hecho entrega de un odre de cuero en donde estaban encerrados todos los vientos que podrían desviar la nave, para que así sólo quedara libre el único viento favorable que le podía llevar a Itaca. Sin embargo, los marineros creyendo que el odre estaba lleno de vino lo abrieron. Los vientos escaparon y como venganza por su encierro se divirtieron zarandeando la nave de Ulises de un sitio a otro.

Las aventuras del largo viaje fueron bien conocidas; la forma como venció al cíclope Polifemo; su estancia en la isla de Circe, con la que tuvo un hijo; los siete años que pasó en otra isla con la ninfa Calisto, con la que tuvo dos hijos; la forma en que consiguió hacerse invulnerable al canto de las sirenas; su llegada a la isla de los Feacios; su descenso al Hades; y su encuentro con Nausica; y finalmente, su llegada a Itaca, su lucha con los pretendientes de Penélope y su encuentro final con ella con la que volvió a reinar en la isla.



"¡Oh desdichados, que viviendo aún, bajasteis a la morada de Hades, y habréis muerto dos veces cuando los demás hombres mueren una sola! !Ea¡ quedaos aquí y comed manjares y bebed vino todo el día de hoy, pues así que despunte la aurora volveréis a navegar, y yo os mostraré el camino y os indicaré cuanto sea preciso para que no padezcáis, a causa de una maquinación funesta, ningún infortunio ni en el mar ni en latierra firme." Canto XII de La Odisea.

miércoles, 20 de abril de 2016

Pegaso

Era un caballo alado que nació de la sangre de la gorgona Medusa, de cuyo cuello salió Pegaso cuando el héroe Perseo la venció y mató. Al poco tiempo de nacer, Pegaso dio una coz en el monte Helicón y en el acto empezó a fluir un manantial que parece ser la fuente de la inspiración divina y se consagró a las musas.

Animados por este hecho y por el carácter mágico del magnífico caballo, fueron muchos los que intentaron atraparlo, aunque sin mucho éxito. Sin embargo, para Belerofonte, atrapar a Pegaso fue una obsesión. Belerofonte, que era príncipe de Corintio, pasó la noche en un templo de Atenea siguiendo el consejo de un adivino y ésta se le presentó de madrugada con una brida de oro, indicándole que con ella podría atrapar a Pegaso, como así fue. El manso caballo se convirtió en una gran ayuda para Belerofonte que lo empleó en sus muchas aventuras contra las amazonas y la quimera, monstruo horrendo.

Una vez henchido de orgullo Belerofonte, intentó subir hasta el Olimpo, y allí, Pegaso lo dejó caer. Como  castigo a tan atrevida aventura, los dioses lo castigaron a  vagar sin rumbo por el mundo eternamente. Pegaso se quedó en los establos del Olimpo y se convirtió en el medio de transporte del trueno y el rayo de Zeus. Luego se convirtió en la constelación que lleva su nombre con las cuatro brillantes estrellas que forman el cuadrado de Pegaso.

El caballo alado se convirtió en el corcel de las musas y de ahí pasó a ser símbolo de la inspiración poética.



Suele representarse como un caballo con alas en color blanco o negro. Cuando realiza el vuelo mueve las patas como si corriera por el aire. En el Renacimiento suele ser representado montado por Perseo, aunque realmente Perseo nunca llegó a montarlo, pues para desplazarse utilizaba sus sandalias con alas.