El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

El Olimpo: Batalla entre dioses y gigantes

martes, 20 de octubre de 2015

Pasifae

Hija del dios Helios y la ninfa Perseis, y casada con el rey de Creta, Minos, cuya descendencia fueron Androge, Deucalión, Glauco, Catreo, Acalis, Ariadna y Fedra. Era una hermosa mujer que tenía un defecto, estaba locamente enamorada de un toro, consagrado a Poseidón, y que era considerado un animal sagrado en Creta.
El origen de tal amor estaba en un conjuro provocado por Afrodita a esta reina, a petición de Poseidón, pues Minos se había negado a inmolar como sacrificio, dicho toro, al dios del  mar.
Pasifae solicitó a Dédalo su ayuda para unirse a él y éste moldeó una vaca de madera donde Pasifae  pudo ocultarse para consumar su unión con el semental, naciendo un horrible monstruo, el Minotauro.


Patroclo

Caudillo griego en la guerra de Troya y amigo del alma de Aquiles. Durante el décimo año de la guerra, Aquiles retiró sus tropas, Los Mirmidones, porque discutió con Agamenón, el comandante de las fuerzas griegas. Sin Aquiles los griegos perdieron muchos hombres contra los troyanos. Finalmente como los troyanos llegan a quemar los barcos griegos, Patroclo persuadió a Aquiles para que lo dejara dirigir a Los Mirmidones y así rescatar a los griegos que habían sido hechos prisioneros. Vestido con armadura  de Aquiles, Patroclo hizo retirar a los troyanos hasta las murallas de su ciudad.

Héctor, en uno de los muchos combates que se desarrollaban a las puertas de la ciudad, consiguió herir de muerte a Patroclo, y éste, ya moribundo, le profetizó su muerte a manos de Aquiles.

Tras la muerte de Patroclo, Aquiles cayó en una profunda tristeza y decidió volver al combate para poder vengar la muerte de su amigo.

Níobe

Hija de Tántalo y la reina de Tebas. Su esposo el rey Anfión, era hijo de Zeus y estaba reconocido como un gran músico. Níobe tuvo la fortuna de tener seis hijos y seis hijas, todos ellos dotados de una hermosura y gracia excepcionales. Este hecho la llenaba de alegría y colmaba su felicidad.
Sin embargo Níobe, aunque feliz, también era tremendamente arrogante, cualidad que había aprendido de su padre. Así se jactaba siempre de las proezas de sus hijos, pero un dia llegó demasiado lejos al burlarse de la diosa Leto y considerarse superior a ella, puesto que ésta tenía sólo dos hijos, mientras ella tenía doce. La diosa escuchó sus palabras en el Monte Olimpo y decidió castigarla, por lo que solicitó la ayuda de sus amorosos hijos, los dioses Apolo y Ártemis, que dispararon sus flechas contra los hijos de Níobe, matándolos a todos. La apesadumbrada Níobe fue convertida en una piedra, la cual siempre estaba mojada por sus lágrimas.

La leyenda de Níobe parece estar inspirada en acontecimientos reales. Durante el reinado de su marido Anfión se desencadenó una peste que asoló la ciudad de Tebas; la familia real sucumbió a causa de la epidemia, excepto Níobe, que vio expirar a todos sus hijos. Esta tragedia la sumió en tal estado de desesperación, que durante días y días permaneció inmóvil, llorando como una roca azotada por el oleaje.
Este mito ha sido utilizado como tema literario desde la Antigüedad como tópico referente al desconsuelo ante la pérdida de los hijos.